En el año 2010, se inauguraba en el corazón de Emiratos Árabes Unidos la impresionante torre Burj Khalifa. Era, en el momento de su inauguración, el edificio más alto del mundo. Dieciséis años más tarde, lo sigue siendo. Y es que es difícil imaginar las circunstancias por las cuales es necesario, más allá de una motivación puramente demostrativa, construir un edificio de más de 828 metros, que es lo que mide la torre emiratí.
Un hito de la ingeniería civil: los récords que rompe el Burj Khalifa
Inicialmente, el proyecto se concibió como una demostración de fuerza y pericia: la torre debía convertirse en símbolo del progreso tecnológico en los países del Golfo, y colocar a EAU, y especialmente a Dubái, dentro de la rotación de los destinos comerciales y turísticos de lujo. Y tres lustros más tarde podemos afirmar que lo consiguió: la construcción de esta torre hizo que mucha gente supiera, por primera vez, situar a Dubái en un mapa, literalmente.
Para otros, su construcción guarda un significado más poético: hubo un tiempo en el que el ser humano no sabía cómo hacer edificios más altos que anchos, y es conmovedor pensar que la especie que no podía abrir ventanas de apenas unos palmos en sus gruesos muros de piedra sin que estos se vinieran abajo es la misma que ha sido capaz, apenas unos siglos más tarde, de levantar una torre de casi un kilómetro de alto en condiciones de seguridad.

Además de su altura, el Burj Khalifa encierra una miscelánea de curiosidades:
- Su diseño está inspirado en la naturaleza: la planta del edificio está basada en la estructura del lirio araña. Esta estructura mejora su resistencia contra las cargas de viento y aumenta la resiliencia ante eventos extremos, como terremotos o temporales.
- Debido a que el suelo de Dubái es arenoso y por tanto inestable para soportar un edificio tan alto, se construyeron unos cimientos de más de cincuenta metros de profundidad, con planchas de hormigón que tuvo que amasarse por la noche y mezclarse con hielo para que no se secara durante el proceso de amasado debido a las altas temperaturas.
- A pesar de ser un ejercicio de excelencia tecnológica, para limpiar las 26.000 cortinas de cristal del edificio se necesita un cubo, una esponja y agua con jabón. Las ventanas del Burj Khalifa se limpian igual que las ventanas de cualquier casa, con la diferencia de que, en este caso, los trabajadores se tienen que descolgar a 700 metros del suelo, sostenidos por un sistema de arneses. Se tarda tres meses en limpiar todo el edificio por el exterior, y, en cuanto se termina un ciclo de limpieza, comienza el siguiente.
- Se construyó en tiempo récord. El proyecto empezó en 2004, y en el año 2010 fue inaugurado. En comparación con otras torres históricas, la Torre Eiffel se construyó en dos años, la de Pisa en 200, y las Torres Gemelas en 13 años. En el Burj Khalifa, más de 12.000 empleados trabajaron las 24 horas del día, los 7 días de la semana, divididos en tres turnos de ocho horas (a pesar de que múltiples organizaciones internacionales denunciaron graves violaciones sobre los derechos de los trabajadores).

Vidrio de control solar: la tecnología que permite filtrar la radiación sin opacar el cristal
Uno de los principales retos de habitabilidad de este edificio era el efecto invernadero provocado por la radiación solar. Para solucionar el problema, se instalaron dobles vidrios de control solar. Un vidrio de control solar es un tipo de vidrio que refleja hacia afuera gran parte de la radiación solar, sin afectar o afectando mínimamente la opacidad del cristal.
En el caso del Burj Khalifa, para mejorar aún más la eficiencia energética del edificio, se instalaron dobles acristalamientos, con una cámara de aire de entre 12 y 18 milímetros entre el primer vidrio de control solar y el segundo. El vidrio interior también tiene un tratamiento especial que permite regular mejor la temperatura interior, ya que absorbe la radiación y la libera lentamente, evitando que el edificio entero se convierta en un enorme solarium. Sería imposible de habitar en un entorno como Dubái.
Este tipo de cristales son muy eficaces para ahorrar energía en contextos extremos como este, ya que reduce la ganancia térmica entre un 30 y un 70%, y mejora el confort al reducir el deslumbramiento. Sin embargo, en climas templados o en orientaciones que no reciben una descarga masiva de radiación a lo largo del día, otro tipo de medidas pasivas pueden ofrecer resultados similares por un precio mucho más competitivo, ya que el vidrio de control solar suele ser entre un 60% y un 100% más caro que el vidrio templado transparente.
