Nos acercamos a la arquitectura biofílica: el enfoque que busca promover la convivencia entre los humanos y la naturaleza
Su nombre es bastante auto explicativo: “bio” significa “vida,”, y “filia” es un sufijo que denota afinidad o inclinación hacia algo. La arquitectura biofílica, por tanto, es aquella que se inclina hacia el bienestar de los seres vivos.
Puede parecer una redundancia, pues ¿no debe inclinarse toda arquitectura hacia la sustentación de la vida? Y, sin embargo, muchas veces priorizamos en nuestras decisiones y tendencias arquitectónicas el bienestar de otro tipo de sistemas: el productivo, educativo, el sanitario… En muchos de nuestros edificios vemos una inclinación hacia optimizar procesos, reducir tiempos de espera y ahorrar costes.
Sin embargo, todas estas funciones, que muchas veces son necesarias, sacrifican en sus procesos el contacto con la naturaleza. Y esto no es cierto solo en arquitectura, sino en muchos otros medios de producción. Por eso, a mediados de los años 80, el biólogo Edward E. Wilson publicó el icónico libro Biophylia, que explora la relación entre los procesos naturales y las especies, popularizando el término.
Con el tiempo, y desde entonces, hemos ido aplicando el adjetivo “biofílica”, entendido como todo aquello que respeta, promueve y prioriza la naturaleza, a otras disciplinas más allá de la botánica. Entre ellas la que nos ocupa, que es la arquitectura. Vamos a ver cuáles son algunos de los principios de la arquitectura biofílica, y cómo se relaciona con el uso de materiales.
Principios de la arquitectura biofílica
No existe un precursor o inventor de la arquitectura biofílica como tal, pues se trata más bien de una disciplina que aplica principios biológicos y filosóficos a la arquitectura con un resultado estético que es más consecuencial que causal.

A continuación, listamos tres principios que debe cumplir (aunque no solo) un proyecto arquitectónico para considerarse dentro de la rama biofílica de la arquitectura:
–Presencia de elementos naturales: vegetación, agua, luz natural directa y fauna cuando las condiciones ecosistémicas lo permitan. Esta presencia no debe ser anecdótica sino dominante.
–Conexión directa con dichos elementos: el diseño arquitectónico debe permitir la coexistencia y convivencia entre los usuarios de un espacio y los elementos naturales del mismo. Una de las formas principales de convivencia debe ser a través del contacto directo visual.
–Diseño sostenible: ambos puntos anteriores deben de estar sustentados por un diseño que respete los entornos y ecosistemas locales, intentando tener el mínimo impacto posible e integrando la biodiversidad autóctona en el proyecto.
Los sistemas de acristalamiento: un aliado de lujo en la arquitectura biofílica
Los tres puntos anteriormente descritos no pueden dejar de lado la funcionalidad de los espacios y el confort de los usuarios finales. Al fin y al cabo, no estamos hablando de arquitectura conservacionista, pensada solo para los ecosistemas y la biodiversidad, sino de una arquitectura que permita la coexistencia entre seres humanos y naturaleza. El diseño tiene que ser funcional.
Para ello, es imprescindible contar con elementos arquitectónicos que apoyen la prosperidad y convivencia entre ambos medios. Los sistemas móviles de acristalamiento son el puente perfecto entre los dos mundos. Nuestras cortinas de cristal, abatibles y correderas, permiten que los espacios se puedan abrir y cerrar, sin restringir en absoluto la entrada de la luz. Estas son las características que hacen de nuestras cortinas el aliado perfecto para un proyecto de arquitectura biofílica:
–Transparencia absoluta. A pesar del grosor y seguridad optimizada del vidrio templado con el que trabajamos, el flujo de luminosidad no se ve alterado ni interrumpido en absoluto. Con nuestras cortinas de cristal se pueden crear entornos con los que proteger a la vegetación -y a los usuarios- del viento o de las olas de calor o frío, replicando las condiciones de un invernadero (anteriormente hablamos en nuestro blog de las orangeries: las estructuras biofílicas por excelencia en la arquitectura occidental).
–Facilidad de limpieza en el sistema. La naturaleza no es estéril, y aquello que está vivo suele generar algún tipo de subproducto. Ya sean mayores cantidades de condensación, restos de tierra o incluso restos biológicos producidos por insectos, pájaros o pequeños roedores, los lugares que conviven con la naturaleza tienen un tipo de “suciedad” específico. Nuestros sistemas de acristalamiento están pensados para poder limpiarse fácilmente por ambos lados, eliminando de la ecuación un problema al que se enfrentan otro tipo de sistemas de cerramiento que usan materiales oxidables o que requieren una mayor inversión en mantenimiento.
-Compatibilidad con otras estructuras. A la naturaleza no le gusta la rigidez: los espacios que quieren apoyar la prosperidad ecosistémica tienen que ser flexibles y dinámicos. Es muy probable que un proyecto de arquitectura biofílica tenga que hacer modificaciones específicas para acomodarse a las necesidades de la biodiversidad que vaya albergar. Por eso, los arquitectos y diseñadores necesitan trabajar con proveedores que puedan ofrecer un producto personalizable, adaptable y versátil.

Energía versus bienestar: diferencia entre la arquitectura biofílica y la arquitectura bioclimática
Desde los años 70 sabemos que la naturaleza es nuestra mejor aliada para hacer frente a los desafíos planteados por la crisis climática, pero es ahora cuando estamos empezando a implementar esos principios (llamados en muchos círculos Soluciones basadas en la naturaleza) de forma más generalizada.
La arquitectura biofílica no es solo beneficiosa para las plantas: también lo es para los humanos y para el planeta. Al priorizar el bienestar de los ecosistemas en el diseño, conseguimos maximizar los beneficios de una disciplina adyacente a la arquitectura biofílica: la arquitectura bioclimática, de la que ya hemos hablado anteriormente en nuestro blog.
Pero, ¿cuál es la diferencia entre la arquitectura bioclimática y la arquitectura biofílica? La divergencia más notable entre una disciplina y otra radica en el enfoque: la arquitectura bioclimática busca aprovechar los recursos naturales para optimizar el gasto energético, mientras que la arquitectura biofílica busca maximizar el bienestar de los seres vivos, tanto animales como vegetales.
Como vemos, las prioridades de ambas disciplinas son distintas, pero, a la vez, una es consecuencia de la otra. Cuando un proyecto se plantea como bioclimático, se mejora innegablemente la calidad de vida de los elementos naturales que estén presentes dentro del proyecto. Y, cuando se busca perseguir un enfoque biofílico, la presencia de elementos naturales contribuye a mejorar el confort de los usuarios y a ahorrar energía, gracias a la función termorreguladora que llevan a cabo los ecosistemas bien equilibrados y los materiales sostenibles, duraderos y que no emiten residuos, como son nuestros sistemas de acristalamiento.
