La arquitectura bioclimática, íntimamente relacionada con el uso de materiales como el cristal y con el diseño pasivo, mejora el bienestar de los usuarios, los edificios y del planeta
¿Alguna vez te has encontrado con el término “arquitectura bioclimática”? Si no es así, es cuestión de tiempo que lo hagas. Las condiciones actuales del mundo nos obligan a buscar estrategias de adaptación, para no solo sobrevivir a la crisis climática sino prosperar en ella.
La arquitectura lleva desde los años setenta explorando y refinando esas estrategias de adaptación. Cada década, lugar y movimiento ha dado lugar a diferentes corrientes: arquitectura sostenible, eco arquitectura, arquitectura regenerativa… Son diferentes nombres para una tendencia común, que tiene que ver con hacer nuestros edificios mejores para los humanos y para el planeta.
El método de la arquitectura bioclimática: análisis, diagnóstico, propuesta y priorización
La arquitectura bioclimática es la rama de la arquitectura que busca aprovechar los recursos naturales para reducir el gasto energético y maximizar el bienestar de los usuarios a la vez que minimiza el impacto medioambiental.
Fue propuesta formalmente como disciplina a finales de los años cincuenta, y cristalizó con la publicación del título Arquitectura y clima. Manual de diseño bioclimático para arquitectos y urbanistas (1963) , del arquitecto húngaro Víctor Olgyay. Este libro es un título icónico en la literatura especializada que dio al sector una hoja de ruta para el diseño bioclimático.

Inicialmente, la propuesta de Olgyay contenía un protocolo para la adecuación ambiental de los edificios. Su método se basa en realizar un análisis bioclimático que permita establecer unas necesidades claras que poder satisfacer en la medida de lo posible aprovechando las condiciones ambientales y no luchando contra ellas. Dicho método puede destilarse en cuatro fases:
–Analizar el carácter bioclimático del lugar donde se va a construir. Hay que realizar un diagnóstico preciso de la radiación solar, la temperatura, el viento y la humedad que un edificio recibiría a lo largo del año.
–Evaluar el efecto que esos factores tienen sobre la fisiología humana, animal y vegetal. ¿Qué medidas de adaptación implementa la población en su arquitectura vernácula? Los usuarios proyectados del edificio, ¿serán residentes locales acostumbrados al clima, o estará destinado a recibir visitantes que necesitarán previsiblemente un periodo de adaptación?
–Proponer una solución tecnológica adecuada para solucionar cada problema de confort climático. Los organismos vivos tienen ventanas de comodidad y seguridad con respecto a la temperatura, la humedad, el viento y la radiación. Hay que buscar los conocimientos y técnicas que aplicados de forma coordinada permitan mantener las condiciones de los edificios dentro de esos parámetros.
-El último paso propuesto es combinar esa propuesta técnica según su importancia dentro de una unidad arquitectónica. Es decir, establecer una escala de prioridades.
Una disciplina influenciada por el uso de materiales y el cambio climático
Esta propuesta inicial de Olgyay se ha ido modificando a lo largo de las décadas, factorizando en el protocolo los avances técnicos que permiten a los arquitectos hacer diferentes simulaciones y mediciones para diseñar edificios mucho más eficientes y eliminar el proceso de ensayo y error que eleva costes y retrasa los tiempos de entrega.
La popularidad de la arquitectura bioclimática como disciplina ha ido fluctuando a lo largo de las décadas, y esta se ha visto influenciada por las tendencias del sector, pero, sobre todo, por las diferentes crisis a las que nos hemos enfrentado, desde las crisis del petróleo de los años ochenta a la crisis climática actual. Cada vez será más urgente implementar estrategias de forma generalizada que nos permitan sobrevivir a los desafíos del cambio climático, y la arquitectura bioclimática es una de esas estrategias.

Trabajar con materiales aislantes y productos de calidad, un pilar de la arquitectura sostenible
Conforme avanzan los recursos técnicos del sector, se maximizan los beneficios de la arquitectura bioclimática. Productos como las cortinas de cristal con las que trabajamos en Glaxior permiten el uso de un tipo de material que hasta hace poco estaba muy limitado en el uso de la disciplina.
Gracias a la precisión de nuestros sistemas de acristalamiento, se optimiza la estanqueidad de los espacios. Tanto nuestras cortinas correderas como las abatibles hacen que los espacios acristalados puedan tener total apertura o un grado de cerramiento muy alto, lo que aumenta el confort térmico y ayuda a controlar los niveles de humedad.
Nuestros productos permiten la convivencia con otras soluciones de climatización sostenible. Las cortinas de cristal son compatibles con prácticas de arquitectura vernácula y otros ejercicios de sostenibilidad aplicados al diseño, el urbanismo y la arquitectura, como el uso de vegetación y el aprovechamiento máximo de la luz natural.
Además de cortinas de cristal abatibles y cortinas de cristal correderas, recientemente presentamos nuestras nuevas pérgolas bioclimáticas: un producto diseñado y desarrollado con tecnología puntera que permite controlar las condiciones hidrotérmicas de un espacio sin cerrarlo, y que es compatible con nuestros otros productos.
Ponte en contacto con nuestro equipo, y los técnicos de Glaxior te explicarán cómo nuestros sistemas de acristalamiento pueden ayudar a que tu proyecto sea más eficiente energéticamente y se beneficie de los preceptos que aplica la arquitectura bioclimática.
